Ser profesional de las artes marciales o cinturón negro no te convierte en arma blanca (2ª parte)

Ser profesional de las artes marciales o cinturón negro no te convierte en arma blanca (2ª parte)

Continuamos la serie iniciada el pasado miércoles, analizando algunas cuestiones prácticas en la aplicación de agravantes y atenuantes en el empleo de las artes marciales

Por María Teresa Olivares García | Jurista y miembro del Consejo Editorial de Brújula Legal.

En el artículo de este miércoles de nuestro compañero Eloy Sánchez Palacio, se puso de manifiesto la necesidad de desvincular a los expertos en artes marciales con una suerte de “utilización de armas u objetos peligrosos” en la práctica. A tal efecto, expuso que en el caso de que un conocedor de las artes marciales lo practicara fuera de la esfera deportiva, cabría la posibilidad de aplicar la agravante genérica de abuso de superioridad, recogida en el art. 22.2º del Código Penal.

Con este punto de partida, resultaba de interés exponer el modo en que nuestros Jueces y Tribunales aplican este tipo de circunstancias, así como también expresar algunas circunstancias que pueden darse en la aplicación de otras figuras del derecho penal como pudieran ser la legítima defensa.

¿Pueden aplicarme la agravante genérica del abuso de superioridad por utilizar mis conocimientos de artes marciales?

Tal y como ya se expresara en el artículo anterior, la respuesta es afirmativa. Pueden aplicarme la agravante genérica del abuso de superioridad siempre y cuando se cumplan con unos requisitos, que ya en su momento expresaran, entre otras, la STS 96/2010, de 28 de febrero, que son:

1. La existencia de desproporcionalidad entre la parte agredida y la parte agresora. Es decir, existe un desequilibrio real y efectivo entre los medios empleados por el agresor y los medios con los que cuenta la víctima para defenderse.
2. Que la desproporción existente disminuya las posibilidades de defensa del perjudicado.
3. Que, además, el agresor sea conocedor de la existencia de dicho desequilibrio, y además, se aproveche de tales circunstancias para la ejecución del hecho delictivo.

¿Cómo se determina la utilización de las artes marciales en una pelea o discusión?

En estos supuestos suele acudirse a la prueba, pues el derecho penal es el derecho del caso por caso (y nunca hay un supuesto igual a otro). Nuestra jurisprudencia se vale de informes periciales, así como de cualquier otro medio de prueba documental y testifical. Para entender que una persona ha utilizado sus conocimientos en artes marciales, se suele atender a la forma en la que se manifiesta el golpe; y en concreto a su precisión, intensidad, y reiteración. Un ejemplo de ello podemos encontrar en la reciente STS 391/2021, de 6 de mayo, en el que una discusión entre presos desencadenó en un homicidio con la agravante de abuso de superioridad, que se determinó por la contundencia de los golpes empleados y la precisión en las zonas corporales elegidas por el agresor (cabeza y tórax principalmente).

¿Podrían aplicarme la agravante genérica de alevosía y no la de abuso de superioridad si en una pelea utilizo mis conocimientos en artes marciales?

El abuso de superioridad está íntimamente relacionado con la circunstancia agravante de alevosía recogida en el art. 22.1º CP. De hecho, el Tribunal Supremo ya ha expuesto en más de una ocasión que ambas son homogéneas, siendo la circunstancia agravante de abuso de superioridad considerada como una especie de alevosía de segundo grado (STS 600/2005, de 10 de mayo).

Nuestros Jueces y Tribunales suelen aplicar el abuso de superioridad cuando se emplean las artes marciales en el ámbito de los delitos de lesiones o incluso el homicidio. Con respecto al homicidio, la STS 1068/2010, de 2 de diciembre aplicó la agravante de abuso de superioridad en un supuesto en el que el condenado se encontraba en evidente situación objetiva de superioridad: un varón de 27 años, de 1,82 metros de estatura con 80 kg de peso, y conocedor del arte marcial Aikido, siendo la víctima una chica de 20 años, de 1,66 metros de estatura y 56,6 kg de peso.

También aplicó la agravante de abuso de superioridad en el caso de un agresor que utilizó sus conocimientos en la práctica de full contact y Kick boxing para asestar un certero golpe en el cuello de una víctima cuyas heridas de causaron con posterioridad la muerte (STS 644/2014, de 7 de octubre).

No obstante, hemos de tener en cuenta que, la alevosía y el abuso de superioridad poseen un rasgo que las distingue, pero que ha de ser apreciado caso por caso. La alevosía requiere que el agresor lleve a cabo todos aquellos pasos tendentes a asegurarse el éxito delictivo; mientras que el abuso de superioridad requiere mermar las posibilidades de defensa de la víctima, si bien no las elimina por completo.

¿Es abuso de superioridad si me defiendo en situación de inferioridad numérica?

En principio, optamos por contestar a esta pregunta en sentido negativo. De hecho, nuestros Jueces y Tribunales no la aplican supuestos en los que un practicante de artes marciales utiliza dichos conocimientos en los casos de riñas con varios intervinientes, donde debido a su inferioridad numérica y física emplea las técnicas que le son conocidas (SAP Huelva 101/1997, de 9 de mayo).

¿Pueden utilizar mis conocimientos en artes marciales para alegar legítima defensa?

En algunos casos, cuando varias personas intervienen en una pelea que acaba en delito de lesiones siendo una de ellas experta en artes marciales, ha de tenerse en cuenta para alegar la legítima defensa que el agresor conociera que su oponente practicaba algún tipo de deporte de estas características. Por ejemplo, la SAP Las Palmas 163/2015, de 20 de julio aplicó la eximente incompleta (a efectos de rebajar la pena) en el caso de un chico que utilizó una botella para defenderse, si bien el agresor no conocía de las dotes en técnicas de artes marciales de la víctima. También se ha aplicado la eximente incompleta en los casos que el agresor utiliza navajas u otros instrumentos peligrosos con conocimiento pleno de que la víctima tenía pericia para determinadas artes marciales (STSJ de Galicia 24/2019, de 22 de marzo).

Conclusiones

No cabe estigmatizar a los deportistas y profesionales de las artes marciales solo por el hecho de contar unos conocimientos en técnicas de defensa y combate, pues la realidad ha demostrado que se tratan de deportes que fomentan una serie de valores como la disciplina, el compañerismo, la lealtad y el esfuerzo. Al fin y al cabo, solo una persona poco comprometida con los principios de estas disciplinas pensaría utilizarlas para aprovecharse de ellas en la comisión de hechos delictivos.

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