Estos son los 7 mitos más extendidos sobre los procesos de divorcio

Enfrentarse a un proceso de divorcio no es fácil, no solo por la implicación emocional que supone la ruptura de la pareja, sino también por el miedo y la incertidumbre que genera todo procedimiento judicial. Es una tendencia natural que la gente quiera buscar información sobre las medidas que se van a adoptar en su divorcio, como una forma de contar con referencias que le ayuden a afrontar lo desconocido.

Por Patricia Mª Vadillo García | Abogada en Serra & Vadillo Abogados especializada en Derecho de Familia y miembro del Consejo Editorial de Brújula Legal.

El problema surge cuando esas referencias se toman de familiares, amigos, vecinos o incluso de Internet, lo que fomenta la expansión de información errónea sobre lo que realmente supone un proceso de divorcio desde un punto de vista estrictamente legal. Identificar esos mitos es esencial para afrontar adecuadamente el proceso, por eso, a través del presente artículo trataré de desmontar los mitos más extendidos sobre las medidas que se adoptan en los procesos de divorcio:

1.- Si me dan la custodia compartida no pagaré pensión de alimentos

Existe la falsa creencia, muy extendida, de que una custodia compartida implica, siempre y en todos los casos, no tener que pagar pensión de alimentos en favor de los hijos. No obstante, esta afirmación no es correcta si atendemos al principio de proporcionalidad que prevé el artículo 146 del Código Civil, que nos dice que “La cuantía de los alimentos será proporcionada al caudal o medios de quien los da y a las necesidades de quien los recibe”.

Por tanto, si existe una desproporción entre los ingresos de los progenitores, el juez podrá fijar una pensión de alimentos a cargo de aquel que tenga mayor capacidad económica, aún en los casos en que se establezca una custodia compartida.

Imaginemos, por ejemplo, el caso de un progenitor que tiene una nómina de 4.000 € mensuales, mientras que el otro progenitor únicamente cobra un salario de 1.100 €. En este supuesto existe una gran desproporción entre la capacidad económica de uno y otro, por lo que, aquel que tenga mayores ingresos, habrá de abonar pensión de alimentos en favor de los hijos, aunque se haya fijado una guarda y custodia compartida.

2.- Mi ex me quiere quitar a mis hijos

El hecho de que uno de los progenitores solicite la custodia exclusiva o compartida de los hijos, muchas veces es percibido por el otro progenitor como una intención de “quitarle a sus hijos”.

Esta frase en sí misma ya denota un sentido de la propiedad de los hijos que merece el mayor de los reproches. Los hijos no son cosas ni objetos que se tengan en propiedad. Los hijos no se quitan ni se dan. Los hijos son personas titulares de derechos, entre los que se encuentra el derecho a relacionarse y a convivir con sus dos progenitores y sus familias extensas.

En cualquier caso, corresponde al Juez valorar la idoneidad de cada progenitor para estar al cuidado de los hijos y para establecer el régimen de estancias y visitas que más beneficie al interés de los menores.

3.- Si me voy de la casa me pueden denunciar por abandono del hogar

Actualmente, nuestro ordenamiento jurídico no contempla como delito el hecho de marcharse físicamente del domicilio conyugal. Por tanto, si se produce la ruptura de la pareja, nada impide que cualquiera de ellos haga las maletas y se mude a otra casa (especialmente recomendable en los casos de violencia de género).

No obstante, hay que tener en cuenta que nuestro Código Penal sí que tipifica como delito el abandono de familia, castigado con penas de hasta 6 meses de prisión (artículo 226 del Código Penal).

Pero ¿cuándo se comete el delito de abandono de familia y que relación guarda con el abandono del hogar? El delito de abandono de familia se comete cuando se deja en situación de especial desamparo o desprotección a los hijos y/o al cónyuge, dejando de atender sus necesidades de bienestar y sus necesidades económicas. Es decir, básicamente se comete el delito cuando se incumplen las obligaciones inherentes a la patria potestad y cuando se dejan de abonar las prestaciones económicas necesarias para el sustento de la familia.

En el caso concreto del impago de pensión de alimentos o pensión compensatoria acordadas judicialmente, será constitutivo de delito dejar de pagar las prestaciones durante dos meses consecutivos o cuatro meses no consecutivos, pudiendo ser castigado con penas de prisión de hasta un año (artículo 227 del Código Penal).

Por tanto, cabe la posibilidad de cometer el delito de abandono de familia sin ni siquiera haber abandonado el hogar (sigue viviendo en la casa pero se desentiende por completo de las necesidades de la familia, dejando a los hijos en situación de desamparo), y también se puede abandonar el hogar sin llegar a cometer el delito de abandono de familia (se va de la casa pero cumple con sus obligaciones alimenticias).

4.- Mi ex me quiere quitar la casa

Otra idea muy extendida es la falsa creencia de que se perderá la propiedad (o copropiedad, en su caso) de la vivienda familiar si se atribuye su uso a los hijos y al cónyuge custodio.

Nada más lejos de la realidad. La propiedad se seguirá manteniendo y en el Registro de la Propiedad correspondiente seguirá constando la titularidad del inmueble. En los procesos de divorcio, lo que se atribuye no es la propiedad del inmueble, sino el derecho de uso y disfrute del domicilio que fue conyugal y, salvo pacto en contrario, dicho derecho corresponde a los hijos menores de edad y al cónyuge en cuya compañía queden.

5.- ¿Dejaré de pagar pensión de alimentos cuando mis hijos cumplan los 18 años?

Nuestro ordenamiento jurídico no contempla ninguna edad específica a partir de la cual se extinga de manera automática la obligación de abonar pensión de alimentos a favor de los hijos. De hecho, el artículo 142 del Código Civil nos dice que se entiende por alimentos todo lo que sea indispensable para el sustento, habitación, vestido y asistencia médica, así como la educación e instrucción del hijo menor de edad y del mayor de 18 años mientras no haya terminado su formación por causa que no le sea imputable.

Por tanto, si un hijo mayor de edad no dispone de ingresos propios porque está centrado en terminar su formación académica, la obligación de abonar alimentos persiste hasta que finalice sus estudios, se incorpore al mercado laboral y alcance su propia independencia económica.

Cuestión distinta es que el hijo mayor de edad no disponga de ingresos propios por dejadez y por falta de interés en estudiar o en buscar trabajo. En estos casos, el progenitor obligado al pago de alimentos podrá solicitar la extinción de la pensión a través de un procedimiento de modificación de medidas.

6.- Como tengo la custodia exclusiva, todas las decisiones respecto a los hijos las tomo yo

Uno de los errores más frecuentes que cometen los progenitores custodios es creer que, al tener atribuida la custodia exclusiva de los hijos, pueden tomar todas las decisiones respecto de éstos sin el previo conocimiento ni consentimiento del otro progenitor (cambiarlos de colegio, mudarse a otra ciudad, someterlos a algún tratamiento médico, etc). Y este error se debe, fundamentalmente, a que muchas personas confunden “guarda y custodia” con “patria potestad”, que son dos conceptos distintos, aunque íntimamente relacionados.

La patria potestad son los derechos y obligaciones que los padres tienen con respecto a sus hijos: velar por ellos, alimentarlos, educarlos, procurarles una formación integral y representar y administrar sus bienes y la guarda y custodia es la convivencia habitual y diaria con los menores de edad y, básicamente, consiste en atender los cuidados cotidianos de los hijos.

Salvo en los casos excepcionales de privación total o parcial de la patria potestad, la norma general es que, en caso de separación o divorcio, la patria potestad sea ejercida de manera conjunta por ambos progenitores, lo que implica que las decisiones trascendentes para la vida de los menores deban ser adoptadas de común acuerdo entre
los dos y todo ello con independencia de quién ostente la guarda y custodia.

Por tanto, aunque uno de los progenitores tenga atribuida la custodia exclusiva de los hijos, deberá consensuar con el otro progenitor todas las cuestiones relevantes para los hijos, y, en caso de desacuerdo, deberá recabar la autorización judicial.

7.- Como mi ex me ha sido infiel puedo obtener ventajas en el proceso de divorcio

Hasta el año 2005, nuestro ordenamiento jurídico contemplaba la infidelidad conyugal como causa de separación y divorcio. No obstante, con la entrada en vigor de la Ley 15/2005, de 8 de julio, se suprimieron las causas de separación y divorcio, entre las que se encontraba la infidelidad, por lo que actualmente ya no se necesita alegar causa alguna para obtener el divorcio.

A pesar de ello, aún hay gente que cree que se puede obtener algún tipo de ventaja en el divorcio, especialmente en relación a la guarda y custodia de los hijos, por el hecho de haber sufrido una infidelidad durante su matrimonio. Al respecto, la jurisprudencia ha establecido la irrelevancia de la infidelidad a la hora de decidir sobre la guarda y custodia de los hijos, basándose única y exclusivamente en la protección del interés del menor, prescindiendo de otros factores concurrentes como pueda ser la infidelidad de unos de los progenitores.

A modo de conclusión, debemos recordar que cada caso es único y distinto, por lo que es muy importante no dejarse guiar por los consejos de amigos o familiares que hayan pasado por un proceso de divorcio, ya que eso puede generar más confusión al tratarse de casos distintos con circunstancias diferentes. Contar con un buen asesoramiento a través de un abogado especializado en Derecho de Familia es fundamental para afrontar el divorcio con las debidas garantías, ya que el abogado analizará las circunstancias especiales del caso concreto y adaptará las medidas del divorcio a las necesidades de la familia.

 

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